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¿Cómo es ser otaku en México y Perú? ¡Colaboración con Genki!

 


¿Eres otaku en México o Perú? Revisa esta colaboración entre Otaku Press y Genki para conocer las coincidencias y diferencias de la comunidad en estos países.


Por Sofía Pichihua y Sariela Pasarón.


El anime tiene un alcance internacional. Este producto audiovisual de origen japonés ha trascendido fronteras logrando posicionarse como referente de la cultura popular nipona. Series como Cardcaptor Sakura, Dragon Ball o Candy Candy forman parte de referencias generacionales para la población latinoamericana, particularmente en México y Perú.


Partiendo de series de tan alto prestigio internacional, la juventud mexicana de principios del 2000 en adelante conoció mediante los canales de televisión de paga Cartoon Network, Fox Kids, Jetix (ahora Disney XD) series como Shaman King, Beyblade o Yu-Gi-Oh!. En la televisión abierta se difundieron Dragon Ball, Pokémon y Digimon.


El alcance de estas serializaciones llegó a toda clase de comunidades de niños y jóvenes. En aquella época no se hablaba de otakus, sencillamente se arraigó la creencia de que se trataba de “caricaturas para niños”, sin tomar en cuenta la calidad o el género de las series. Sin embargo, esta misma creencia perjudicará más tarde a este mismo segmento de sociedad.


Formalmente en México se entiende a un otaku como fanático del anime, manga, videojuegos, cosplay, etc. de origen japonés. Lo anterior contrasta con la vida cotidiana particularmente en las redes sociales, donde la propagación de los prejuicios y estereotipos desembocó en un retroceso social en el trato con las personas que se manifiestan como seguidores del anime, manga y videojuegos japoneses.

Actualmente la difusión de comentarios discriminantes contra la cultura otaku, como "eso es porno chino", "no tienes vida", "ya estas grande para eso" además del típico "vas a morir virgen" afecta el desarrollo social y emocional de la juventud mexicana.


A principios del 2010 surgió el ataque de medios de comunicación que pretendían exponer a cada una de las tribus urbanas, entre las cuales equivocadamente incluyeron a los otakus, atribuyendo a estos estereotipos incongruentes con la realidad del país. 


Originalmente el término otaku en su país de origen es utilizado frecuentemente de manera despectiva para referirse a alguien que se obsesiona con algo y por lo tanto se retrae del mundo. Obsesionarse y aislarse del conjunto social coincide con la conducta nipona para quienes la pertenencia al círculo social es indispensable. Sin embargo, el comportamiento y estilo de vida de un otaku latinoamericano no coincide con tal descripción.


Siguiendo la idea de la sociedad mexicana respecto de un otaku, podría interpretarse que a esta sociedad se le dificulta ver que un otaku es una persona ordinaria, leal a su interés o pasatiempo.


Una encuesta realizada en 2017 determinó que 3 de cada 5 fanáticos ocultan este pasatiempo de su círculo social, cualquiera que sea su grado de afición, no suelen declararlo abiertamente. El estereotipo que se ha difundido en la población mexicana se ha convertido en frases despectivas que pueden influir de manera negativa en las relaciones entre la comunidad otaku y otros grupos sociales, dificultando la convivencia. Para erradicar el estereotipo es importante evitar difundirlo,dejar de usar las frases despectivas y procurar no caer en prejuicios al conocer a alguien a quien le guste la animación japonesa. 


Por otro lado, los propios fans que se identifican como otakus pueden evitar identificarse o difundir el estereotipo. Cualquier persona puede gustar del anime, el manga, los videojuegos, la cultura japonesa y no considerarse otaku. Para quienes se identifican con el término otaku, lo han empleado como parte de su estilo de vida. 



En el Perú, el panorama es bastante similar. Así como la televisión ha logrado extender la cultura japonesa con la difusión de series animadas, también se convirtió en el primer espacio de discriminación para la audiencia aficionada a la misma, entre ellos, los otakus.


Con el internet, estos problemas pasaron a otro nivel: acoso cibernético (cibercullying). Por ello, un gran número de fans del anime / manga en el Perú suele ocultar su nombre real en redes sociales. Ellos prefieren usar un nickname o el nombre de su personaje favorito. 


Si bien las reglas de comunidad de las redes sociales no permiten estos comportamientos que fomentan el odio, el bullying en línea se mantiene sobre todo en algunos ámbitos relacionados a la cultura otaku como el cosplay. Esta afición puede convertir a un cosplayer en el centro de burlas por su aspecto físico, etnia y otros.   


Lo más triste es que muchas veces la discriminación se da en el ámbito interno de la comunidad. Es decir, vemos otakus atacando a otros otakus.


Si bien tenemos varias generaciones de otakus, estimo que los más jóvenes son los que más fomentan la discriminación, como pasó cuando los niños de los noventa eramos los que recién empezábamos a integrarnos a esta comunidad. 

Los fans del anime y manga que nos declaramos otakus no tenemos temor a la discriminación porque ya pasamos por ello (y hasta quizá también discriminamos a otros en su momento). Para mi generación, ser otaku en el Perú es tener una afición muy profunda por el anime / manga que supera cualquier límite de edad, pero que también implica una socialización a diferencia del estereotipo japonés. Eso quiere decir que nos gusta compartir nuestra afición con el resto, por ello, le decimos sí a los eventos de anime / manga en nuestra ciudad, a  las reuniones en el Centro Comercial Arenales (una versión peruana del Friki Plaza) o a los conciertos relacionados. 

El otaku peruano suele tener participación activa en el mundo online y en el mundo offline (antes de la pandemia del covid-19, claro está). Prueba de ello es un incremento de las fiestas anime, eventos o ferias, conciertos de música de anime y concursos de dibujo o cosplay. Al inicio de la década del 2000 teníamos un evento cada dos o tres meses, pero antes de la emergencia sanitaria eran dos o tres al mes, principalmente en Lima.

A la fecha, si bien la discriminación persiste, también se ha intentado luchar contra el estereotipo del “fan extremo que no hace nada por la vida” con algunos referentes. Entre ellos están los aficionados al anime que han concursado en programas realities como Yo Soy o La Voz.


A ello sumamos el primer récord guinness relacionado al anime en el Perú: el abogado Jorge Vásquez que obtuvo el reconocimiento por la colección más grande de Saint Seiya. 


Sin embargo, aún hay mucho por superar tanto en el ámbito online como en la vida cotidiana. Lo importante es preguntarnos si estamos dispuestos, como otakus, a dar el siguiente paso y dejar de discriminar a otros o reírnos de cuando lo hacen. 


Si te gusta el anime y el manga, si te consideras otaku en el Perú, en México o cualquier parte, ¡siéntete orgulloso! Permitamos fomentar una sociedad con profunda cultura y diversidad, dejando de lado los prejuicios y comentarios discriminantes en redes sociales, finalmente somos personas con toda clase de preferencias y pasatiempos.


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